En muchas localidades se celebran las Hogueras de San Fabián y San Sebastián, santos protectores de las epidemias cuyo culto se remonta a la Edad Media. Las hogueras purifican y a la vez se crea convivencia.

Los rigores del invierno pirenaico no impiden celebrar en el Alto Aragón fiestas dedicadas a sus santos predilectos. Muchas veces se trata de ritos paganos incorporados a la tradición católica. En enero muchas localidades guardan devoción a los «santos barbudos»: San Antón, San Vicente, San Fabián y San Sebastián. Aunque es el 20 de enero siempre se traslada a un fin de semana cercano. San Fabián fue papa y San Sebastián fue jefe de la guardia pretoriana imperial romana. Otras localidades queman hogueras en honor a San Vicente (22 de enero) y San Antón (17 de enero). La hoguera, elemento común de esta tradición, es un mágico rito proveniente de raíces profanas, y común en las culturas que celebran el solsticio de invierno y verano. El fuego da calor, luz, es fuente de encuentro entre los habitantes en las frías noches de invierno. Cuando el fuego cesa, las brasas sobrantes sirven para asar la comida que es compartida entre todos. Tradición ancestral, proveniente de los antiguos pobladores de estas tierras. Ritos purificadores muy antiguos, originarios de los celtas y sus fiestas del Imbolc, en honor al fuego sagrado. Estos rituales en torno a la hoguera tuvieron gran auge durante la Edad Media y las pestes medievales, incorporándose desde entonces al ritual católico.

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